Con más frecuencia de la necesaria consideramos que crecer es acumular kilos y centímetros. Muchos pequeños se pasan la vida sin más estímulo que el de recibir las atenciones físicas que los abocan a ser cada vez más grandes, pero nada mas.Probablemente sus seres cercanos puedan hasta sentirse satisfechos de ver cómo su retoño se estira y acumula volúmenes, se pone guapo y les mira sonriendo, como agradecido a la vida o a los servicios que está recibiendo para su desarrollo. No diré que esto sea poco para que nadie me lame desagradecido. Es verdad que muchos miles de niños ya quisieran recibir estos servicios, porque hasdse de estos servicxios carecen y esdo, verdaderamente, lama al cielo.
Pero no nos engañemos. Lo qe importa no son lis kilos o cerntímetros que un pequeño acumula y que probablemente sean indispensables. Lo que verdaderamente importa es el desarrollo afectivo, emocional, mental, que esa persona va acumulando y que tiene que producir en su mente experiencias suficientes como para que su crecimientos de experiencias le permita hacerse una persona que conoce la vida, que sabe en cada momento dónde está, qué es lo que le interesa y lo que no y que encuentra en las otras personas que lo rodean a serfes dignos de ser queridos . Eso Esd crecer y hacer que la vida sea cada día un poco mejor porque va cumpliendo sus ciclos a base de conocimiento y de maduración.
Es verdad, lo hemos dicho muchas veces, no se examina a nadie para ser padre. Ni falta que hace porque no se trata de que las personas vivamos nuestra vida como una sucesión de escalones que tenemos que subir o superar para que nuestra vida sea plena. Nuestra vida puede ser perfectamente plena desde la ignorancia o desde la sabiduría, porque el crecimiento imprescindible para madurar no está en el terreno cuantitativo, sino en el cualitativo. No necesitamos crecer a lo largo, sino a lo hondo.El afecto, la comprensión, el respeto y la convivencia no precisan de ningún título. Y eso es justamente lo que sí necesita el crecimiento interior de los pequeños: alguien a su lado que los cuide, que los atienda y que los acompañe en la aventura de vivir, siempre compleja y emocionante.
De hecho sabemos que de las muchas aberraciones que se pueden hacer con los pequeños, ya sean los mimos excesivos o las desviaciones de comportamiento de miles de formas no se ha podido nunca sacar la conclusión que el nivel cultural de las familias tenga un papel decisivo. No dgo que no signifiquen recursos útiles para tener a mano si se dispone de una cultura considerable, pero en ningún caso los elementos culturales son definitorios ni están libres de vicios que se puedan transmitir a los menores. No digo esto para que nadie entienda que no vale la pena cultivarse en la vida. Al contrario. Lo que quisiera es que nadie entienda que tiene patente de corso por el hecho de disponer de un nivel cultural determinado. Ni tampoco que pueda haber quien se sienta disminuído ni excluido de las posibilidades de ofrecer un mundo afectivo pleno y positivo a sus hijos por el hecho de carecer de un alto grado de cultura.
Creo que la cultura es algo positivo para las personas, que todos tenemos derecho a ella en el grado que consideremos oportuno, que seguramente es conveniente para alcanzar cotas más altas de gozo y de conciencia de las cosas que vivimos, pero que el mundo afectivo, que es en el que nos movemos en nuestra función de padres, sale de otros lugares que levamos más adentro.
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